Entrevista a Matías Astorga Candia

Psicólogo Clínico, se ha desempeñado en Tratamientos de Drogas para personas en situación de calle en la institución Caleta Sur, donde se interviene en los contextos naturales del sujeto, en atención primaria de salud mental en Cesfam de La Pintana. Actualmente hace dupla con la arte terapeuta Bárbara Gaete en la ONG COMTERRA, comunidad terapéutica para la rehabilitación de drogas y alcohol, en donde existe el arte terapia desde hace más 13 años. También participa como profesor invitado en el ramo de métodos y técnicas I del Postítulo de Arte Terapia de la Universidad de Chile, dictado por Bárbara.

¿Cómo abordas la salud mental en una Comunidad Terapéutica (CT)?

Creo que es importante hacer una diferencia entre el abordaje que se le da a la salud mental a nivel institucional en la comunidad terapéutica y la forma en la que se aborda en el espacio individual de psicoterapia.

El modelo de comunidad terapéutica, en sus inicios, fue una respuesta a la institucionalización generada en los Hospitales Psiquiátricos  y a la influencia negativa que ejercían en los pacientes, cronificándolos y alejándolos de la esfera social y sus espacios naturales, es decir, alienándolos, a demás de un trato carcelario y vertical. 

La definición más general, desde la propuesta técnica de mi lugar de trabajo es:

“La comunidad terapéutica es un ambiente residencial libre de droga que usa un modelo jerárquico con etapas de tratamiento que reflejan niveles cada vez mayores de responsabilidad personal y social.  Se utiliza la influencia entre compañeros, mediada a través de una variedad de procesos de grupo, para ayudar a cada persona a aprender y asimilar las normas sociales y desarrollar habilidades sociales más eficaces.”

Lo importante de este abordaje es justamente el uso de la comunidad como ente interventor, compuesta por el personal de tratamiento y aquellos en recuperación, como agentes claves del cambio. Así, en el día a día y en el vinculo más espontaneo es que se logra un espacio de sostén para la persona. La rutina y el sostén logran un efecto de superficie en donde el sujeto de alguna manera puede desplegarse y confrontarse con rasgos que puedan resultarle problemáticos. 

Desde la misma propuesta técnica es importante hacer un alcance a lo que podemos identificar como dos perfiles diferentes que participan de la experiencia de la comunidad:

“Muchas de las personas que participan en la CT tienen una historia de funcionamiento social, habilidades educativas y lazos comunitarios y familiares positivos que han sido debilitados por su abuso de drogas. Para ellos, la recuperación involucra la rehabilitación, es decir, el volver a aprender o restablecer un funcionamiento, habilidades y valores saludables así como rescatar la salud física y emocional. Otros residentes de las CT nunca tuvieron estilos de vida funcionales. Para ellos, la CT generalmente constituye la primera vez que son expuestos a una vida “ordenada”, no caótica. En su caso, la recuperación involucra la habilitación, es decir, aprender por primera vez las habilidades conductuales, las actitudes y valores asociados a convivir en sociedad.”

De forma resumida ésta creo que es la forma en que el modelo de CT aborda la salud mental, mostrando su potencia en que justamente no es el profesional el interventor y el dueño de la verdad y la salud, sino el colectivo expresado en los participantes, siendo la persona quien participa activamente en el proyecto de su proceso de cura.

A nivel de psicoterapia analítica, la salud mental y el proceso son entendidos con ciertas diferencias. Si bien el sujeto es portador de un lenguaje y una cultura, este espacio busca confrontarlo con su deseo a partir de la palabra dicha, que siempre es personal, siempre dicha por el hablante, aunque éste porte palabras ajenas. Freud, en las ocasiones a las que se refirió al psicoanálisis como un método, lo diferencia del método sugestivo, recurriendo a una formula de Leonardo de Vinci, “per via di porre” y “per via di levare”. La pintura, dice Leonardo, trabaja per via di porre; en efecto, sobre la tela en blanco deposita acumulaciones de colores donde antes no estaban; en cambio, la escultura procede per via di levare, pues quita de la piedra todo lo que recubre las formas de la estatua contenida en ella. De manera en un todo semejante, a la técnica sugestiva o, de alguna manera, el modelo de CT, busca operar per via di porre; no hace caso del origen, de la fuerza y la significación de los síntomas patológicos, sino que deposita algo, la sugestión, en el caso de la CT, el adoctrinamiento y la educación, que, según se espera, será suficientemente poderosa para impedir la exteriorización de la idea patógena o la repetición de la adicción. La terapia analítica, en cambio, no quiere agregar ni introducir nada nuevo, sino restar, retirar, y con ese fin se preocupa por la génesis de los síntomas patológicos y la trama psíquica de la idea patógena, cuya eliminación se propone como meta. Pero no sólo la eliminación, sino la integración en vías de encontrar el sentido del síntoma en el momento en el que se gesta. Así, en el espacio de psicoterapia se propone una búsqueda de sentido, que siempre será particular, pues tiene inalienablemente que ver con la historia individual de la persona. De esta manera, cuando la CT busca homogeneizar a la persona, la psicoterapia busca particularizar el malestar y encontrar el deseo, es decir es un espacio emancipatorio.

¿Cuáles son los aspectos centrales en un proceso terapéutico desde tu experiencia?

Hablando de forma situada, en los distintos contextos en los que he podido trabajar en la clínica con personas, creo que en un primer tiempo lo más relevante, o de lo que no podemos prescindir es la voluntad de la persona. Si se encuentra obligada o el tratamiento significa un tipo de coerción, no hay proceso terapéutico posible. Si bien el adoctrinamiento puede instalar ciertas conductas o parámetros, muchas veces no es sostenible ni duradero, pues no está el deseo de la persona en ello. Como decía anteriormente, entiendo el proceso terapéutico como un fenómeno emancipatorio. Si hacemos de la cura una jaula, el sujeto se empobrece o escapa. 

Como aspecto formal creo que es condición que la persona se encuentre compensada medicamente. En estados delirantes o de intensa angustia es complejo que la persona se escuche a si misma o elabore ciertos contenidos, incluso que se disponga a hablar con otro. Un elemento complejo es que muchas veces la misma medicalización es una forma de adoctrinamiento, alienación y coerción sobre el sujeto. Incluso presenta una variante perversa, como es el negocio de los psicofármacos que instalan patologías y comercializan medicamentos para ellas. Instalan la enfermedad para vender la vacuna. El ejemplo por excelencia es el trastorno de Déficit atencional. Actualmente en nuestro país se medica con anfetaminas a un porcentaje altísimo de niños justamente por actuar como niños. Los niños no se quedan donde se les dice. Y no lo hacen porque son sujetos. Se castiga a la infancia  para justificar el negocio farmacológico y un sistema educacional caduco.

Otro elemento central en un proceso terapéutico es que la persona logre escucharse para así alcanzar la subjetivación, validarse a sí mismo y desalinearse del deseo del otro. Para ello es importante ver cómo es que participa de su propio dolor, qué situaciones reproduce o genera, casi en contra de sí mismo.

Para alcanzar ello es necesario que la persona recuerde, logre enlazar lo que el trauma ha cortado o descontinuado. Al historizar la vida de alguna manera, puede encontrar el sentido que tiene su padecer. Muchas veces nos defendemos de situaciones pasadas en la actualidad. Ahora, sería fácil que tales recuerdos sean enunciados y ya, pero ello sería un reduccionismo. La forma de recordar por excelencia, en base a mi experiencia, es en acto, lo que el psicoanálisis llama transferencia, que creo es uno de sus descubrimientos más relevantes. La persona recuerda en acto sobre la persona del terapeuta, o más bien sobre la idea que tiene de éste. Siempre pareciera haber otro hacia el cual se dirigen nuestros comportamientos .Actualiza su forma histórica de vinculación en esta figura, que ha de estar lo suficientemente atento para saber leer la situación e intervenir en ella. 

La idea es que la persona, considerando su historia y los elementos que la componen, pueda hacer una síntesis de sí mismo y de su deseo. 

En realidad lo dice mejor Judith Muñoz, psicoanalista chilena:

“Hay clínica cuando hay uno que consulta; allí se inicia el movimiento. ¿A qué se va a psicoterapia? A cambiar, a entender, a desentrañar, a aliviarse. ¿De qué se queja el paciente? De sí mismo, de los otros, del destino ¿Por qué consulta en este momento y no en otro? ¿Cual es la teoría que el mismo posee sobre lo que le ocurre? ¿Cómo le vemos dirigirse hacia nosotros? ¿Cómo entrega el material? ¿Qué nos pide directa o indirectamente, qué particulares ideas nos hace suscitar, qué temores teóricos o técnicos nos asaltan con sus dichos? El psicoanálisis debe todo a sus pacientes, a aquellos que deciden enfrentar su propio deseo en el contexto de una sesión analítica. Este es un encuentro del sujeto con su verdad; no hay posibilidad de préstamo en términos de una consejería”.

¿Qué aporta la creatividad al sujeto?

La creatividad no es algo adquirido por el sujeto. Muchas escuelas de pensamiento señalan la creatividad como una función superior del pensamiento. Creo que pensarla así es reducirla y alejarlas de la realidad humana. La creatividad es un elemento inalienable en el sujeto, pero una vez que se ha logrado alienar trae consigo consecuencias patológicas para la persona. La creatividad es una forma de relación que se tiene con el exterior. En la primera infancia será la creatividad la que permita que el bebe se subjetivise y logre atravesar la simbiosis inicial con su madre o cuidador. Mediante los objetos externos y las características de éstos es que se puede crear una realidad interna. La madre presenta objetos con los cuales el bebe puede comenzar a tolerar y entender su falta, las ausencias de la madre, y la primera forma de creatividad es el juego, como una forma de hacer aparecer y desaparecer objetos, pero también como una forma de aparecer y desaparecer él mismo. Es decir, mediante la creatividad es cómo podemos entender un mundo de objetos y vínculos.

Cuando vemos a un sujeto alienado de su creatividad estamos en presencia de una neurosis muy similar a la muerte en vida, sin recreación, sin potencialidad ni creatividad, lo que impulsa a la persona a introyectar su propia libido, a retirarla del mundo, lo que generalmente deviene en trastornos narcisistas o incluso psicosis. Winnicott, psicoanalista ingles que aborda y amplia el concepto de creatividad, nos dice que allí donde fue el juego debiese ser el trabajo. La creatividad no sería una función, sino una relación con el mundo que permite una dirección para el sujeto y además le permitirá realizar una síntesis de lo exterior con lo interior.

¿Cómo crees contribuye el arte terapia al trabajo de una Comunidad Terapéutica?

Creo que es súper interesante el aporte de la arte terapeuta en la Comunidad Terapéutica. Ella en general trabaja con la imagen y el dibujo.
Creo que esto contribuye en reflejar, por una parte, la realidad “interna” de la persona, o más bien la realidad propia. El dibujo hecho es siempre hecho por alguien. Muchas veces las personas presentan una sensación de extrañeza frente a la propia obra, su creación se les presenta de forma enigmática, lo que luego sirve como un modo de integración de elementos que no han sido visibles hasta ahora. Por otra parte también es interesante la contribución desde el qué hacer creativo. Cómo las personas eligen los objetos presentados por la arte terapeuta y cómo, a partir de objetos inertes se crea algo donde antes había vacio. Es decir cómo genero mi propia creación, cuál es mi relación con esa práctica muchas veces abandonada, alienada o arrancada al sujeto. Cuando alguien se aboca a generar un dibujo u otra forma de creación, hay un movimiento interior muy intenso que se realiza gracias a los objetos exteriores, a los materiales ofrecidos y presentados, es decir se genera una síntesis que no creo que otro espacio de la comunidad lo pueda generar. Es un nicho terapéutico específico.

¿Cuál crees es el  aporta del arte terapia en la salud mental?

Creo que el arte terapia es un método terapéutico del que no se puede prescindir en los espacios hospitalarios y en los tratamientos de salud mental en general, pues como decía anteriormente, es un lugar de individualización para el sujeto. Desde la teoría psicoanalítica se nos plantea que hay ciertos lugares de subjetivación o de individualización, episodios donde el sujeto se construye, o mejor dicho, que tienen un efecto constitutivo. 

En primer lugar está el cuerpo de la madre, en donde el bebe logra acceder a la existencia, de forma indiferenciada claro. Luego el espejo, donde se le devuelve una imagen integrada de sí mismo, por ello también logra generar un vínculo lúdico y gozoso con esa imagen. Y por último, y esto es un aporte de un autor latinoamericano, Rodulfo, es que el niño o la niña habita el mundo también a través de sus creaciones, de las marcas que realiza en una pared o de las manchas en la ropa y el cuerpo. Habitar el mundo es marcarlo, es saberse yo, reconocer al otro y buscar, a través de la incursión del trazo, la mirada, el cuerpo en movimiento articulando marcas, un modo de interacción con el entorno y con los otros, dándose presencia, separándose y uniéndose. 

Así, creo, la creación es por excelencia un lugar de emancipación, emancipación de ese otro al que van dirigidos nuestros comportamientos, emancipación de esas verdades que no nos permiten atravesar el mundo de una forma propia, expresando nuestro deseo, pero por sobre todo es un vinculo con la realidad.

La salud mental en Chile, de un tiempo a esta parte, a través de los planes de salud mental, propone cada vez más ésta sea, de algún modo, devuelta a la comunidad. Se intenciona cada vez más, que las instituciones de internación varíen a centros abiertos y comunitarios, entendiendo que la exclusión y la reclusión empeoran el malestar psíquico, enferman, cronifican e institucionalizan más que generan este movimiento emancipatorio que sería la salud mental.

Creo que el Arte terapia se encuentra, en la realidad nacional, con un desafío. Este es el poder instalarse como la alternativa que valida el vínculo del sujeto con la comunidad y también del sujeto consigo mismo.

El Arte terapia no sería así un agregado estético a la salud mental y a los tratamientos, sino una de las formas más validas de integración del sujeto consigo mismo y con la comunidad, pero esta vez desde lo propio y personal, no desde la alienación y el adoctrinamiento. 

Postg. Bárbara Gaete Asenjo, Arte Terapeuta Universidad de Chile
Fundadora CATCH